Catorce años de pádel, y una rotura de tobillo que los cambió todos
Por qué construí Tomiqo, contado por quien lo ha vivido desde la pista.
Llevo jugando al pádel más de catorce años, y durante mucho tiempo no fue un hobby: era mi rutina. Entrenaba cinco días a la semana, jugaba nueve partidos y competía los fines de semana, viernes incluido. Fui jugador federado en España y pasé por las manos de muchos entrenadores distintos —de técnica, de táctica, de preparación física— además de coincidir, y jugar, con algunos profesionales del circuito.
Una rotura de tobillo izquierdo cambió eso de golpe. Ya no puedo rendir al nivel de antes, y hoy disfruto de tres o cuatro partidos a la semana en vez de nueve. Pero esos años de pista —y sobre todo los entrenadores que tuve, los buenos y los que no lo eran tanto— me dejaron muy claro qué hace que una sesión funcione de verdad y qué la convierte en una hora perdida para todo el grupo.
Ahí nace Tomiqo. Lo he vivido como alumno: lo difícil que es para un entrenador preparar una clase distinta cada día, para un grupo donde nadie va al mismo nivel, sin las horas ni la experiencia que da haber hecho esto durante años. Y se nota, en pista, cuando esa sesión no se ha preparado bien.
No quiero usar la inteligencia artificial para automatizar el pádel ni para sustituir a nadie. Quiero dársela a un entrenador que empieza, para que su primera sesión ya salga divertida, variada y adaptada a cada alumno del grupo — lo que a mí me costó años de pista aprender por mi cuenta.
Sigo jugando, ahora con menos pretensión pero las mismas ganas de siempre. Y el tiempo que antes le daba a entrenar cinco días a la semana se lo estoy dando ahora a construir esto: lo que más me gusta, mirado desde el otro lado de la red.